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domingo, 23 de mayo de 2010




Los Adioses de Juan Carlos Onetti: el narrador y su estilo.




Blas Puente Baldoceda, Ph.D
Northern Kentucky University


Ampuloso, alambicado, el narrador de Los Adioses crea un mundo sórdido donde, indudablemente, el deterioro ejerce su dominio. Personajes abrumados por la soledad, la monotonía y el vacio existencial, revelan una interioridad compleja, ambigua, con una gama de emociones, sentimientos y deseos teñidos de negatividad. Onetti, genial artífice que bucea en los repliegues más íntimos del alma humana, maneja diestramente múltiples recursos estilísticos

El meollo de Los Adioses es el devenir de un ex-atleta tuberculoso que llega a un pueblo donde existe un sanatorio y donde espera morir sus días. En algún momento de la trama recibe la visita de dos mujeres rivales entre sí, la esposa y la hija de su primer matrimonio. El narrador, que se desempeña como almacenero, suplementa esta historia central con los chismes y rumores de un enfermero, una mucama y otros pacientes, una compleja visión de un escaso número de hechos narrados. Más aún: el narrador es consciente de su rol creativo: “Porque, además, no dice que es cierto que yo estuve buscando modificaciones, fisuras y agregados, y es cierto que llegué a inventarlos.” Luego, vuelve a insistir: “Todo esto frente a mí, al otro lado del mostrador, todo este conjunto de invenciones gratuitas metido, como en una campana, en la penumbra y el olor tibio, húmedo, confuso, del almacén.” Con una frenética imaginación, este narrador concibe los personajes de la novela como criaturas nacidas de su voluntad y, por lo tanto, predestinadas a vivir los avatares que él, previamente, les asignado. “Me sentí lleno de poder –admite—como el hombre y la muchacha, y también la mujer grande y el niño, hubieran nacido de mi voluntad para vivir lo que yo había determinado” La motivación profunda de este vértigo fantasioso de conjeturas, elucubraciones, inferencias y especulaciones sobre los personajes no es nada menos que la soledad, el vacío y la monotonía de la vida en el pueblo. “…estaba solo –se refiere al enfermero—y cuando la soledad nos importa, somos capaces de cumplir todas las vilezas adecuadas” .

La imaginación desbordante del narrador se vierte en un discurso literario donde predominan el uso de vocablos y expresiones que denotan diversos matices de probabilidad sobre la ocurrencia de los sucesos. Por ejemplo, el uso del vocablo imaginar. “Yo lo imaginaba solitario y perezoso, mirando la iglesia como miraba la sierra desde el almacén, sin aceptarles un significado, casi para eliminarlos, empeñado en deformar piedras y columnas, la escalinata oscurecida. Aplicado con una dulce y vieja tenacidad a persuadir y sobornar lo que estaba mirando, para que todo interpretara el sentido de la leve desesperación que me había mostrado en el almacén, el desconsuelo que exhibía sin saberlo o sin la posibilidad de disimulo en caso de haberlo sabido” Este narrador homodiegético con focalización interna elucubra sobre lo que su personaje percibe, conceptualiza y se interesa, y en un proceso retrospectivo pone en práctica el paralipsis –puesto que le oculta al lector su conocimiento del desenlace de la trama--; asimismo, usa el verbo imaginar como sinónimo de invención. Leamos el siguiente pasaje: “No puedo saber si había visto antes o si la descubrí en aquel momento, apoyada en el marco de la puerta: un pedazo de pollera, un zapato, un costado de la valija introducidos en la luz de las lámparas. Tal vez tampoco la haya visto entonces, en el momento en que empezó el año, y sólo la imagine, no recuerde, su presencia inmóvil situada con exactitud entre el alborozo y la noche” El narrador duda si ha visto o no a la muchacha. En caso de haberla visto, entonces la estaría meramente recordando; en caso de que probablemente no la haya visto, la está, simplemente, imaginando, es decir, inventándola. La misma fórmula sintáctica es usada para especular, presuponer, inferir, los posibles gestos faciales de la muchacha cuando viajaba al pueblo; no sólo eso sino presuponer los gestos que quizás podría cuando estaba sola y en momentos íntimos: “Pero la cara conservaba bastante de lo que había sido cuando estuvo en la sombra, junto a la puerta del almacén, y tal vez algunos restos del viaje en tren y en omnibús, y, si yo no lo estaba imaginando, de lo que era a solas y en el amor” Todo lo anterior no son sino elucubraciones retrospectivas del narrador que reconstruye los hechos pasados en una suerte de una infatigable invención o de una remembranza alucinante. Sin embargo, la imaginación puede tener carácter anticipatorio, se proyecta al futuro. Leamos, pues, la siguiente cita: “Solo que me era más fácil identificarme con la mujer de los anteojos, imaginarla entrando en la pieza del hotel, prever el movimiento de retención e impulso con que ella trataría de cargar persuasiones en el niño para lanzarlo enseguida hacia un largo cuerpo indolente en la cama, hacia la cara precavida y atrapada alzándose del desabrigo de la siesta, reinvindicando su envejecido gesto de entereza desconfiada”

El narrador, pues, predice sucesos que van a ocurrir en un futuro inmediato. La contingencia de la predicción imaginada se manifiesta a nivel de la cadena sintagmática con el uso del verbo prever y el uso del condicional que de por sí ya indica la potencial realización de los sucesos imaginados por el narrador, en algún momento en la vida de los protagonistas. Dice el narrador: “Pero no enfrentando solo a los hombres, claro, a los que iban a llegar de ésta a quien íbamos acercando, y a los que ella haría seguramente felices, sin metirles, sin tener que forzar su bondad o su comprensión y que se separarían de ella ya condenados a confundir siempre el amor con el recuerdo de la cara serena, de las punta de sonrisa que estaban allí sin motivo nacido en su pensamiento o en su corazón, la sonrisa que solo se formaba para expresar la placidez orgánica de estar viva, coincidiendo con la vida” Nó sólo se hace referencia a las acciones probables de la muchacha, sino a la manera cómo los hombres la perciben y la conceptualizan. El condicional, pues, sugiere hechos probables de ocurrencia posterior y lo mismo se logro con el imperfecto del subjuntivo y la perífrasis verbal debe ser. Por otro lado, estas acciones son simultáneas, paralelas, o adyacentes, al eje temporal de dicha probabilidad futura, tal como se puede apreciar en la cita subsiguiente: “Marcharían del brazo, mucho menos rápidos que la noche, escuchando, distraídos, el estrépito de la alharaca y disciplina que les iba a llegar desde la izquierda, desde los edificios flamantes del campo de aviación. Tal vez recordarán aquella marcha en otra noches, cuando llegó la muchacha y subieron la sierra hasta la casita, tal vez llevaran con ellos, secreto y actuante, pero no disponible aún como recuerdo, el viaje anterior, los sentidos obvios que podían añadirle y extraerle” “Debe de haber subido hasta la pieza, pero sólo por un momento, sólo porque el necesitabe vestirse y ella quería mirar los muebles que él usaba.“ Obviamente, el vocablo acaso tal vez con el impefecto de subjuntivo cumple la misma función: “ Y acaso estuviera contenta por tener que enfrentarlo en seguida, tal vez hubiera organizado las cosas para asegurarse esta primera soledad, los minutos de pausa para recapitular y aclimatarse”.

En suma, todas estas expresiones expresan presuposición, elucubraciones, inferencias, especulaciones, etc –todas no son sino elaboraciones de una imaginación febril e infatigable--, para focalizar internamente en los personajes e hilvanar alambicadamente sus percepciones, sus intuiciones, conceptualicaciones, obsesiones, fobias, sus delirios, traumas, manías, de los personajes.

Ahora bien, el punto de vista, la perspectiva o focalización del narrador testigo, el almacenero, está generalmente en conflicto con el del protagonista y demás personajes. La posición cognitiva, emotiva e ideológica de este narrador de talante autorial adopta la crítica, la burla, el rechazo del punto de vista, la perspectiva o focalización de los personajes que deambulan dentro del mundo ficticio, pese a que estos cumplen un rol protagónico y mantienen el centro de interés de la novela. Lo que siente, percibe y piensa el protagonista central es socavado sistemáticamente por el narrador a tal extremo que se empieza a dudar si el personaje central es el enfermo de tuberculosis: la crítica ha sugerido que tal vez el narrador es el verdadero protagonista. Si el narrador es congruente con el personaje, es indigno de confianza, pero si es congruente, al contrario, es digno de confianza. Estas inconsistencias del narrador –la torpeza, la mentira, el cinismo, la distorsión--, en realidad, son estrategias que responden a fines ya sea retóricos (la ironía, especialmente), psicológicos, temáticos. Tamar Yacobi señala que se concibe en general que los transmisores del relatos se mueven entre dos polos: el narrador heterodiegético que goza de omnisciencia es digno de confianza, mientras el homodiegético, limitado en su conocimiento, es indigno de confianza. ¿Es este el caso del narrador de Los Adioses?. En todo caso, continuemos con el análisis e interpretación textual. Desde un principio, este narrador cree haber descubierto la clave del comportamiento psicológico del protagonista: su tenaz incredulidad sobre la posibilidad de curarse. Agobiado por el desconsuelo y la desesperanza, el protagonista se escuda detrás de la apariencia y el fingimiento, y adopta una actitud indolente y de total indiferencia hacia el lugar y las demás personas que lo rodean. Más aún: este narrador lo describe calmado, débil, vacío y menoscabado, pero también vehemente, obseso, rencorosa. Por momentos sospecha que detrás de sus actos subyace cierto estoicismo, pero luego se contradice cuando afirma categóricamente que el protagonista es un ser abrumado, aprensivo, receloso, distraído. En otras ocasiones, cuando este narrador detesta al protagonista, lo califica de innoble, cruel, inmoral, y concluye que la incredulidad de este último es grotesca, infantil y ridícula. Toda esta ambigüedad psicológica donde se advierte cierto barroquismo, podría ser consecuencia de que es un narrador indigno de confiaza, es decir, un unreliable narrator. Por ejemplo, hay momentos en que el narrador expresa conmiseración por el protagonista: “Estábamos, él y yo—aunque él no supiera o creyera saber otra cosa—jugando durante aquel verano reseco el juego de la piedad y la protección. Pensar en él, admitirlo, significaba aumentar mi lástima y su desgracia” Sin embargo, leemos en otras páginas: “No sentía lástima por el hombre sino por lo que evocaba cuando venía a beber su cerveza y pedir, sin palabras, sus cartas” “Acepté una nueva forma de la lástima, lo supuse más débil, más despojado, más joven” Pese a su denodado esfuerzo por esclarecer la intrincada, oscura interioridad psicológica del protagonista, el narrador revela que su perspectiva, punto de vista o focalización sobre el primero es compleja, contradictorio, plagado de antinomanías, ambiguo, pero la conceptualización que elabora sobre si mismo adolece también de lo mismo. Y es probable que todo lo anterior no responde a la norma ideológica del autor implícito, esa imagen mental del autor que el lector infiere del texto, para quién los habitantes que concurren a los lugares públicos están guiados básicamente por el instinto que se manifiesta en un juego psíquico de oposiciones: pasividad/rebeldía, esperanza/resignación, dolor/ilusión. En resumidas cuentas, la ambigüedad y la contradicción es la esencia de la naturaleza humana: “Tenían entonces algo de animales, perros o caballos, mezclaban una dócil aceptación de su destino y circunstancia con rebeldías y espantos, con mentirosas y salvajes intenciones de fuga. Yo sabía que en las dos noches iban a mostrar a los mozos y a los compañeros de mesa, a todos lo que pudieran verlos, el remeto cielo de verano sobre los montes, a los espejos empañados de los cuartos de baño, y mostrarles, como si creyeran en testimonios imperecederos, sus ojos fervorosos y expectantes, cubiertos de censura y de un brillo endurecido.”

Estilísticamente, esta ambigüedad y contradicción de este indecernible mundo psicológico del narrador y los personajes se expresa mediante la conjunción disyuntiva, la reiteración enumerativa y la frecuente antítesis. En el siguiente ejemplo, las alternancias de la disyunción sugieren diferentes estados psicológicos: “Y no por la urgencia de leer la carta, sino por la necesidad de encerrarse en su habitación, tirado en la cama, con los ojos enceguecidos en el techo, o yendo viviendo de la ventana a la puerta, a solas con su vehemencia, con obsesión, con su miedo concreto y el intermitente miedo a la esperanza, con la carta aún en el bolsillo o ca la carta apretada con la mano o con la carta sobre el secante verde de la mesa, junto a los libros y el botellón de agua nunca usado” En la siguiente reiteración enumerativa de tres elementos: incredulidad, desperación y curarse, con sus aclaraciones que giran en torno de ellas, crean una sutil ambivalencia que desconcierta al lector: “Incrédulo –le hubiera dicho al enfermero si el enfermero fuera capaz de comprender--. Incrédulo –me estuve repetiendo aquella noche, a solas. Esto es; exactamente incrédulo de una incredulidad que ha ido segregando el mismo, por la atroz resolución de no mentirse. Y dentro de esta incredulidad, una desesperación contenida sin esfuerzo, limitada, espontáneamente, con pureza, a la causa que la hizo nacer y la alimenta, una desesperación a la que está ya acostumbrada, que conoce de memoria. No es que crea imposible curarse, sino que no cree en el valor, en la trascendencia de curarse.” Otro recurso es la plena contradicción: “Ella insistió un rato, cuchicheando sin convicción; debía estar segura de poder desarmar cualquier proyecto del hombre, y de que le era imposible vencer sus negativas distantes, su desapego.” En su afán de penetrar profundamente en la subjetividad de seres tan complejos e intrincados, el narrador nos brinda una gama de posibles alternativas, una reiteración acumulaiva, la abierta contradicción, los cuales le permiten provocar en el lector una aguda intuición sobre los matices psicológicos inasibles de los existentes del mundo ficticio.

Como quiera que sea, el narrador de Los Adioses se sumerge perversamente en la interioridad del protagonista y en virtud de una alucinada imaginación conjetura, infiere, especula, presupone, maliciosamente, y mediante expresiones de posibilidad y probabilidad, sobre los eventos, y podría catalogarse como una narrador de falibilidad factual, es decir, sus juicios valorativos y percepciones son ambiguos, contradictorios, engañosos. Estas anomalías o inconsistencias textuales el lector, asumiendo un rol protagónico, los naturaliza considerando el marco empírico del referente (contexto uruguayo) y el modelo literario (realismo) en el cual se inscribe la novela. Solamente resta preguntarnos hasta que punto este narrador converge o diverge de su autor implícito cuya normas ideologícas, estructurales y estilísticas apuntan a un principio del autor real, Juan Carlos Onetti, para quien la ficción es una gran mentira fabricada por la imaginación del creador.

miércoles, 19 de mayo de 2010



Ritos y Tradiciones de Huarochiri del siglo XVII:narración oral andina

Blas Puente Baldoceda, PhD.
Northern Kentucky University



Ritos y Tradiciones de Huarochiri es el único texto quechua escrito a principios del siglo XVII con una visión completa y coherente de los mitos, las creencias y las leyendas de los habitantes de la región de Huarochirí. El manuscrito ha sido objeto de estudios lingüísticos e etnohistóricos con el propósito de acceder al pensamiento andino. En 1941 el profesor Trimborn publicó una versión completa al alemán; en 1942, Galante ofreció una versión latina; en 1966, Arguedas lo tradujo al castellano; 1980, Taylor, al francés; en 1983, Urioste, al castellano; en 1987, Taylor ofreció su versión castellana; y, finalmente, acaba de aparecer la versión al inglés elaborada por Salomon y Urioste.

En el mundo andino representado en el manuscrito el quehacer humano y la superestructura mítica guardan una relación interdependiente de modo que cualquier acontecimiento socio-histórico es interpretados desde una perspectiva mitológica. Este corpus de narraciones se transmitió a través de las generaciones oral, colectiva y anónimamente por informantes nativos en proceso de aculturación colonial por un lapso de setenta años .Estos relataron de manera espontánea sus tradiciones, fiestas, ceremonias, ritos, creencias, actividades económicas, su vida cotidiana, sus costumbres, sus orígenes y sus conquistas, a un copista llamado Tomás por encargo de Francisco de Avila, doctrinero y extirpador de idolatrías del arzobispado de Lima, que leyó y anotó la transcripción del material oral. Esta remembranza histórica de los narradores de la tradición mítica andina se escribió en el alfabeto de los curas y los burócratas de la colonia, quienes llevaban a cabo la coversión de los indios y se propusieron la destrucción de sus creencias religiosas. Sin embargo, gracias al estratagema de Avila de concederles una relativa libertad de expresión, estos fieles de las huacas, santuarios de las deidades andinas, evocaron con orgullo la grandeza alcanzada por la cultura de sus antepasados. Aunque esta información era de sumo valor para la extirpación de idolatrías, el resultado fue contrario al propósito de Francisco de Avila.. El antropólogo Salomón acota al respecto:

[T]he text's partly intra-Andean genesis also had a paradoxical long-term effect, because it was composed in relative independence from Spanish preconceptions about native religion, it has in the end provided a uniquely authentic monument of the very beliefs Avila meant to destroy (1992:2).

Por otro lado, Salomón agrega que la visibilidad eterna de este monumento auténtico de la memoria andina, respondió a un movimiento ideológico renacentista impulsado por la primera generación de escritores de la literatura andina conformada por Felipe Guamán Poma de Ayala, Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua. Estos cronistas biculturales nativos, en búsqueda de previlegios dentro del poder colonial, no eran unos meros nativistas, sino que plantearon una reconceptualización de la tradición mítica andina cuyos postulados eran los siguientes: la gente andina pasó por las etapas de la antiguedad cristiana; los logros andinos no fueron parte de la civilización bíblica; la historia andina es tan coherente como la historia bíblica. Es obvio que el responsable de seleccionar el material oral, de escribir la presentación etnográfica, de editar el texto quechua de Huarochiri participó indudablemente de dicha ideología. Ahora bien, esta reconceptualización de la tradición mítica fue posible porque en el momento histórico en que se forjó el manuscrito la religión nativa de las huacas, pese a la clandestinidad y a la hegemonía de la iglesia cristiana, coexistía y era comparable en coherencia con ésta última.

Aqui me propongo hilvanar ideas que se han formulado con respecto a la oralidad de las narraciones quechuas del manuscrito y ejemplificarlas con segmentos textuales extraídos de la edición preparada por Gerald Taylor. Asimismo, planteo de manera tentativa un descripción de la trama de algunos de los mitos siguiendo los lineamientos de la teoría narrativa elaborada por Victor Turner.

El lingüísta Taylor afirma que el manuscrito quechua posee " la belleza y la frescura del estilo literario oral" Asimismo, novelista y antropólogo peruano Arguedas destaca el carácter esencialmente oral del texto quechua. La oralidad torrencial, envolvente del texto nos hace sentir el mundo representado como si lo palpáramos con las manos, ya que en la antigua concepción mitológica del lenguaje existe una relación unívoca entre la palabra y la cosa significada. Arguedas sostiene que esta oralidad es cautivante como en los cuentos quechuas que le solían contar en su infancia los narradores populares de los Andes. Sin embargo, se debe reconocer que las versiones de los informantes --los transmisores y retransmisores orales del mito que provenían de diversos lugares de la región de Huarochirí--, fueron traducidas, copiadas y, finalmente, redactadas por el ladino Tomás o probablemente por diferentes personas. Obviamente, en la elaboración del manuscrito hubo el propósito de organizar unitariamente un libro y existen pasajes en el manuscrito vertidas en un estilo escrito. Salomón sostiene:

[N]o one has yet subjected to text criticism detailed enough to uncover the "seams" where testimonies have been stitched together or to determine how many voices enter in. For the time being, this can only be recognized as un unknown requiring future study. It appears likely tha the myth-tellers and retellers are multiple, probably from a minimum of three different places. Wheter a separate translator besides the scribe and/or editor intervened is unknown. We neither know whether the interviewer used a written questionnaire (a commun Spanish practice) nor wether the edited text as we find it was organized by a native researcher, by the scribe Thomás himself, or by one employing native informants (Avila?) (1992:32)

El problema anterior se esclarece en cierto modo si se toma en cuenta el funcionamiento de los sufijios de validación discursiva de la lengua quechua. En esta lengua existen tres tipos de relaciones entre el hablante y la información que transmite: en primer lugar, si la información se basa en su experiencia personal añade a la oración el sufijo testimonial -mi o su altenante -m; en segundo lugar, si la información que transmite el hablante es de segunda mano o es una información escuchada de alguien, añade el sufijo reportativo -si o su altenante -s; en tercer lugar, si la información del hablante es una información probable o una mera especulación incierta, añade el sufijo conjetural -cha o su alternante -ch. Por ejemplo, en el manuscrito se nota la presencia del sufijo reportativo cuando el transmisor se refiere a las circunstancias de los acontecimientos legendarios con los cuales mantiene una distancia autorial.. El uso de este sufijo reportativo predomina no solamente en dichas narraciones míticas sino también en las descripciones de los ritos y de la antigua legislación. Asimismo, esto sufijo reportativo es usado cuando el traductor o redactor parafrasea o repite lo dicho por el informante sin comprometerse con la validez del contenido. Por otro lado, al principio y al final de cada capítulo se introducen comentarios explicativos mediante el uso el sufijo testimonial, puesto que son informaciones de primera mano del copista o del redactor. Este sufijo es usado también en los títulos y en el prefacio y cuando se informa las circunstancias contemporáneas del acontecimiento. Obviamente, en las oraciones de los diálogos se usa el sufijo testimonial ya que los participantes comunican contenidos relacionados con su experiencia directa. Finalmente, este sufijo es usado en los actos de habla actuante, es decir, expresiones que afectan realmente la conducta de los oyentes tal como ocurre en las exhortaciones o invocaciones. Ahora bien, existen casos de descripciones de rituales en los que el copista o redactor usa el sufijo testimonial en lugar del reportativo, ya que se trata de rituales que todavía se llevan a cabo en el contexto colonial, y se asume que los han visto personalmente. Otros pasajes de carácter mítico reciben validación testimonial cuando se trata de enfatizar el valor la tradición nativa en confrontación con la tradición cristiana. Taylor ilustra la complejidad de la traducción debido a la presencia simultánea de dichos sufijos en la siguiente oración:

(1)

/wakin runakunam kanan chaupiñamcakta "pariacapac paninsi karqan", ñispa ñinku/
Algunos hombres dicen que, /según la tradición,/Chaupiñamca era hermana de Pariacaca
Ahora bien, /sabemos que/ algunos hombres dicen que /se dice que/Chaupiñamca era la hermana de Pariaraca (1987:195)

Estos cambios de validación informativa se correlaciona con una variación estilística entre la oralidad y lo escritural : por ejemplo, los comentarios de la voz autorial al comienzo y al final, que llevan obviamente el sufijo testimonial, poseen un estilo semiformal que evidencia cierta pomposidad libresca, especialmente cuando se trata de una voz que apoya políticamente la conversión. Una de las formas de dicho estilo escritural serían las oraciones demarcativas que introducen y encuadran los pasajes narrativos de carácter mítico y las descripciones de los rituales, los cuales llevan el sufijo reportativo y muestran otras formas genéricas de la oralidad tales como el relato colectivo, el habla ritual, los versos y canciones. A continuación se ilustra la diferencia de estilos con sus respectivos sufijos de validación informativa: 1. oración demarcativa: (2) chay simiri kaymi.: "He aquí el relato".2.comentario de carácter político: (3) /chay punchawtaqmi ancha tutamanta llacsatambopi supayta muchaq karqanku llamanwan imanwan/: "Ese día, desde muy temprano, adoraban al demonio en Llacsatambo ofreciéndole llamas y otras cosas".3. narración mítica: (4) /chaysi chay cunirayaqa amawta kayninpi kuk pisqu tukuspa chay yura rukmaman wichar rirqan. (5) Chaysi chaypi huk rurkma cayasqa kaptin chayman yumayninta curaspa urmachimurqan chay warmi qayllaman. "Curinaya, gracias a su astuciaj, se convirtió en pájaro y subió al árbol. Como había allí una lucuma madura, introdujo su semen en ella y la hizo caer cerca de la mujer"

Por otro lado, en el entretejido de la prosa escrita existen algunas pautas de la actuación oral del texto quechua. Es decir, las pausas y giros de la escritura podrían reflejar la estructura de la narración oral. Salomon logra detectar al comienzo de las oraciones ciertas expresiones que no añaden ningún contenido semántico. Palabras tales como chaymanta: después, después de eso; chaysi: así, de ese modo; chaymi: así, de ese modo; servirían dentro de la actuación del discurso oral para separar simétricamente unidades rítmicas; es decir, serían como marcas discursivas de la división prosódica que ayuda a la percepción por parte del oyente. Otras palabras que cumplirían la función de armonizar la velocidad y las pausas del discurso oral serían las siguientes: kay: esto; chay: eso; ychaqa: pero;yna, ynaspa: entonces; ña, ñaqa: ya, así, entonces, otra vez. Otro rasgo de oralidad sería el estilo directo de habla y pensamientos mediante el añadido de palabras introductorias tales como ñispa o ñin que significa "decir" y "pensar". Asimismo, el estilo exhortativo de las huacas, las deidades, los sacerdotes y los ancestros legendarios muestra el uso de dobletes semánticos y el waynilla o verso sagrado. Estos dobletes son expresiones de ideas mediante dos oraciones que poseen estructuras sintácticas paralelas. Para concluir esta sección, menciono a continuación un segmento textual quechua con su respectiva traducción literal y traducción a una prosa standard:

(6) /chay puka pumawansi kanan takiptin, imanam kanan huk arco cielo ñiqpi lluqsin, chayhina lluqsiptin takirqan/
Cuando bailó con el puma rojo, como sale de nuestros días un arco en dirección del cielo, así cuando [el arco]salió, bailó.
Cuando se puso a bailar con el puma rojo, apareció en el cielo un arco iris semejante a los que vemos de nuestros días.

Ahora bien, en cuanto al análisis de la trama de los mitos, es necesario puntualizar previamente los criterios de base. En la presente ponencia se asume que las narrativas autóctonas de otras culturas deben ser enfocadas en base a los principios de diferencia y otredad; de lo contario, se corre el riesgo de aplicar categorías de una teoría narrativa elaborada exclusivamente para los textos escritos de la cultura occidental. Resulta inadecuado utilizar el concepto de subjetividad y autoría en una producción oral que se distingue por su carácter oral, colectivo y anónimo. Las narrativas autóctonas de las culturas iletradas del Tercer Mundo no deben ser manipulados por los críticos para calzar las categorías abstractas, inmanentes y formalistas de las gramaticas narrativas del occidente por ser modelos abstractos, inmanentes, formatistas (por ejemplo, la de Propp, Bremond, Greimass, Barthes, Genette, etc), guiados ya sea por colonialismo mental o por los efectos del imperialismo cultural. Para suprimir un enfoque paternalista que filtra la voz nativa, y de ese modo conceder la palabra a la otredad y a la diferencia, se utiliza a continuación un modelo de análisis que interpretan el sujeto subalterno dentro de su realidad social, histórica y cultural. En su artículo "Narratives of ritual and desire" Pavel señala que el antropólogo Victor Tuner establece una relación entre las categorías de la ficción narrativa y el mundo empírico y las cuatro fases de su "drama social" (ruptura de la norma, crisis, reajuste, y reintegración o reconocimiento de la ruptura) constituye un poderoso intrumento de interpretación textual. Pavel dice:

Victor Turner's anthropology offers a strikingly appropiate solution to this difficulty. It evoids the hyperrealis fallacy, which consist in closely matching narrative categories and raw facts and believing that the former describe the latter; for instance, that a conflict in a story necessarily refers to a real one. But neither is Turner tempeted by the self-referenciality fallacy, which assumes that since narratives constitute a self-enclosed world, their categories form an algebraic structure lacking any links to the actual universe. For him, stories represent the social life so effectively because social life itself is organized according to cultural categories. These are established along the same lines as narrative categories (64-65)

Habiendo esclarecido los criterios de base, procedo al análisis de la trama de los mitos. En el capítulo 2 del manuscrito se relata el mito de Cuniraya, un dios poderoso y sabio que adopta la apariencia de un hombre pobre y feo. Se enomara de Cahuillaca, una doncella rica y hermosa, la cual es pretendida por otras divinidades que exhiben los mismos atributos. Cuniraya es rechazado pero gracias a su poder mágico se convierte en un pájaro y deja caer su semen en una lucuma. Cuando Cahuillaca come esta fruta, queda embarazada y da a luz un niño. Después de año de crianza, convoca a las divinidades ricas y hermosas y les pregunta si algunos de ellos es el padre, pero todos se niegan. No pregunta a Curinaya porque le repele su apariencia miserable. Luego, deja libre al niño para que escoja a su padre que resulta ser nada menos que Cuniraya. Cahuillaca, avergonzada, huye al mar y Cuniraya inicia la persecusión y en el camino pregunta a los animales por ella. Según la respuesta alentadora o desalentadora, Cuniraya les atribuye cualidades positivas al condor, al puma y al halcón; y negativas, a la zorrina, al zorro y al loro. Asismismo, durante la persecución encuentra a las hijas de Pachacamac, otra divinidad andina, y viola a la hija mayor, y la menor logra huir convertida en una paloma. Cuando se entera que la madre de éstas, Urpiahuachac, la divinidad del mar ha ido a visitar a Cahuillaca y su hijo, convertidos en piedra en el mar, se pone furioso y arrojá cesto de peces que se multiplican en las aguas marinas. Al enterarse de la violación de su hija, Urpiahuachac, persigue a su vez a Cuniraya y mediante engaños intenta matarlo, pero Curinaya, gracias a una estratagema, logra huir. Eso obvio que los participantes y sus atributos simbolizan oposiciónes complementarias: masculino/femenino; riqueza/pobreza; fealdad/hermosura; y fertilizador/fertilizada. La fertilización indirecta constituye la fase de ruptura de la norma; las persecusión de Cuniraya a Cahuicalla y la persecusión de Urpiahuachac a Curinaya constituyen la la fase crisis; la violación de la hija mayor de Urpiahuachc constituye la fase del reajuste ; y, finalmente, la continuación de la existencia de Cuniraya vendría a sería el reconocimiento de la ruptura. Es obvio, pues, que la secuencia de sucesos dentro del texto mítico se organiza de acuerdo a las pautas del contexto social y cultural que lo produce: en suma, la lógica de las acciones es homóloga al comportamiento real de tiempos y lugares concretos. El lingüísta y antropólogo peruano Ortíz Rescasniere señala otra oposición complementaria en el mito de Cuniraya: sol/tierra en base algunas asociaciones simbólicas dentro del relato mítico. Afirma lo siguiente:

Cuando Cuniraya, al igual que el sol, después de haber seguido el camino del oeste, se oculta en las profundidades del mar, el sentido de la persecusión se invierte (recordar que el mundo de abajo --el Uku Pacha-- es, en general, concebido como "un mundo al revés"); entonces el heroe huye de la persecución de Hurpayhuachac, la Señora del mar. (28)

En los capítulos primero y octavo se narran los conflictos entre las divinidades de tres épocas: Yanañamca Tutañamca, el más antiguo, es el dios de las tinieblas y la noche. Esta divinidad fue destruída por el Huallallo Carhuincho, el dios de la luz, el día y el fuego, en cuyo reino se practicó sacrificios humanos, los hombre se multiplicaron y sufrieron hambre. Pariacaca, el dios del agua, que exigía como tributo plantas como el mullo, la coca y el ticti, destruye a Huallallo Carhuincho con el poder de la lluvia amarilla y roja y la ayuda de sus cuatro hermanos. Su hermano Llacsa Churapa derriba un cerro y forma laguna Mullococha donde se extingue el fuego de Huallallo Carhincho que huye a la región de los Antis y es custodiado por su otro hermano Pariacarco para evitar su retorno. En realidad, Pariacaca es la divinidad presente de la síntesis, creador y ordenador de un mundo mixto donde se complementan noche y el dia. Estos elementos de las divinidades pretéritas se relacionan dialécticamente en el presente que está simbolizado por el agua y el lago. El oscuro mundo de la naturaleza es reemplazado por luminoso mundo de la cultura debido a un cataclismo producido por una lluvia de fuego o por un diluvio. Este cataclismo, llamado Pachacuti, fragmenta o renueva el universo. En este mito sobre el origen del mundo se puede detectar las cuatro fases del drama social: la ruptura de la norma vendría a ser el desafio de la autoridad divina; la crisis, el cataclismo debido a la pugna de las divinidades contrarias; el reajuste, el proceso de readaptación de las estas divinidades; la reintegración, la la inclusión de las divinidades en una realidad armónica.

El mito del diluvio nos revela el rol protagónico de los animales en la mitología andina. Una llama acongojada se niega a comer la hierba buena porque presiente que el mundo se va acabar con el desborde del mar. Sin amilanarse ante la furia de su dueño, le revela su presentimiento y lo persuade para subir al cerro de Huillcato para salvarse. Allí encuentran a todos los animales apretujados. Todos los cerros quedaron inundados, excepto la puntita del cerro Huillcacoto, donde la cola del zorro se ennegrece al mojarse con el agua. Durante cinco días baja el mar y aniquila a todos los hombres. El hombre que se salvo gracias al cerro Huillcacoto empieza a multiplicarse y, por esa razón, todavía hay hombres en el mundo. Los zorros poseen el saber fatal y son los anunciadores de los cataclismos, los vehículos que vaticinan la destrucción del pasado; en cambio, las llamas son los vehículos que auguran la salvación y la continuidad en el presente del género humano. Al hundir la cola en la oscura agua de la destruccción, el zorro se ubica a horcajadas entre las dos fases del cataclismo: la fase que germina la vida del presente y la fase del agua de la muerte del pasado.

Finalmente, el mito de Huatiacuri y los zorros, que inspiró la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo de Arguedas, trata sobre uno de los hijos de Pariacaca que escucha la conversación de dos zorros: uno que subía y otro que bajaba el cerro de Latausaco, mientras dormita en el camino. Se entera que Tamtañamca, un curaca a quien veneran por su sabiduría y riqueza, está enfermo y ninguno de los sabios convocados lo puede curar. La causa de su enfermedad es el adulterio de su esposa: mientras tuesta el maiz, un grano cae en sus genitales y se lo da a comer a otro hombre. Y por esta razón, una culebra y un sapo de dos cabezas se esconden en el techo y el cimiento de la casa del marido engañado. Cuando Hatiacuri llega al pueblo con la apariencia de un pordiosero, se encuentra con la hija menor, Chaupiñamca, y le promete curar a su padre con la condición de que ella lo acepte como marido. Chaupiñamca provoca la risa de los sabios con su mensaje; sin embargo, su padre acepta entregar a su hija a cambio de la curación. Huatiacuri le revela el origen de su enfermedad y lo convence de que no continue fingiendo ser dios y engañando a la gente y de que adore al verdadero dios, Pariacaca. El curaca Tamtañamca logra sanarse después de la desaparición la culebra y el sapo de dos cabezas. El marido de la hermana menor desafía a Hutiacuri cuando se entera de que éste ha poseido a su cuñada en el camino de Condorcoto. Luego de varias competencias de baile, de bebida, de disfraces, de faenas, en las que Huatiacuri demostró su poder divino y su alianza con los animales, el marido de la hermana queda convertido en venado, mientras que su espasa queda petrificada en posición vergonzosa. En este mito se repite la constante de la oposición entre apariencia y realidad. Sólo los dioses poseen sabiduría, riqueza y poder mágico; los humanos que fingen dichos previlegios, quiebran la ley divina y provocan la crisis del castigo con enfermedades que solamente son curadas por las seres divinos, y con la curación y el restablecimiento del orden se completa las fases de reajuste y reintegración.

En conclusión, frente a una literatura testimonial o etno-biográfica que más de las veces pretende ser la voz del otro, es necesario insistir en estudios de una liteatura oral, no escrita, que rescate la auténtica voz de los marginadas y oprimidos en virtud de un conocimiento íntimo y riguroso de sus lenguas y culturas iletradas. En vez de buscar la manera de cómo hacer hablar al otro, dejemos hablar al otro, sin adoptar la posición mediatizadora del misionero tradicional, el etnógrafo moderno o del novelista redentor.

 




Felipe Guamán Poma de Ayala: una modalidad discursiva de la otredad.



Blas Puente Baldoceda, Ph.D
Northern Kentucky University






Felipe Guamán Poma de Ayala, Titu Cusi Yupanqui, Juan de Santacruz Pachacuti Salcamayhua y el Inca Garcilazo de la Vega son precursores de la literatura indigenista y neoindigenista en el Perú. Estos escritores indios y mestizos, marginados social y políticamente, iniciaron la descolonización cultural mediante una produccción textual que por un lado se nutre de la tradición oral recibida de los historiadores nativos o quipucamayoc, y por otro adopta la escritura y las modalidades discursivas de la cultura dominante de la colonia. Para representar la voz de la otredad y su historia, Guamán Poma elaboró un complejo entramado discursivo en el que se detectan formas orales de transmisión de la cultura andina juntamente con formas genéricas que provienen de las crónicas, relaciones, los tratados jurídicos, los catecismos, los sermones, la épica y la biografía.

Nueva Corónica y Buen Gobierno, considerada como una obra rudimentaria e ingenua por los manuales de historia literaria, no solo evidencia la deficiencia de dichas modalides del discurso canónico de la cultura dominante para representar la nueva realidad, sino que expresa una propuesta ideológica y política que, según los señala Rolena Adorno, es anti-inca aunque pro-andina, anti-clerical aunque pro-católica (Guamán, 5). Es decir, el texto es un alegato contra el régimen colonial; aboga por la restitución de las tierras usurpadas y el retorno al gobierno tradicional andino; denuncia el abuso y la corrupción de la burocracia administrativa y eclesiástica de los colonizadores; demuestra que los Andinos eran ya cristianos civilizados antes de la conquista y propone la institucionalización de la religión cristiana; y, finalmente, sugiere la creación de un estado andino soberano que formará parte del Imperio Universal Cristiano encabezado por el rey Español.

A través de un análisis estilístico, narrativo e ideológico de la primera parte Nueva Corónica, intento demostrar la literaridad del lenguaje y la estructura composicional de la narración. Para llevar a cabo dicho objetivo, tomo como punto de partida la siguiente premisa: desde que se produjo el contacto de lenguas español y quechua en la región andina surgió una comunidad de hablantes bilingües conformada por indios y mestizos que hablan un dialecto regional del castellano que se caracteriza por los diferentes grados de interferencia morfosintáctica procedente del Quechua.. Por ejemplo, un bilingüe subordinado con una mayor interferencia morfo-sintáctica del Quechua dice: "De la quebrada en su chiquito cueva está el hombre", expresión en la que obviamente se mantiene el orden sintáctico Quechua; en tanto que un bilingue fusionado con una menor interferencia morfosintáctica del quechua dice: "Lo había tocado su puerta de la iglesia", expresión en la que se manifiesta el orden sintáctico castellano pero que refleja la interferencia Quechua en el uso del posesivo "su" que traduce el sujifo quechua -pa. En el castellano de Nueva Corónica y Buen Gobierno se observa estas variedades dialectales en las que valencia lingüística es doble, es decir, de dos lenguas: el catellano y el quechua. Felipe Guamán Poma de Ayala --al igual que José María Arguedas siglos después--, asume el desafio de recrear estéticamente el castellano regional para expresar la historia oral andina. Por esta razón, la conclusión del crítico Alberto Escobar con respecto a la sintaxis arguediana, puede ser aplicado al cronista indio:



[El] indio quechuahablante (...) produ[ce] fluidamente como si lo hiciera en su lengua materna, y (..) el lector lo le[e} como si lo comprendiera. Esta mecánica supone dos cuestiones: a. el lector sabe que él no domina ni conoce el quechua; y b. sabe así que el actor indio no tiene control suficiente del castellano y que aparece como si estuviera hablando quechua. De esta manera la relación translingüística actualiza el mensaje quechua, hace presente lo que no está a la vista; hay una correlación entre los dos términos de la ecuación: el castellano es lo presente y el quechua la lengua copresente, merced a la organización de los rasgos de la literaridad

arguediana" 72



El análisis que presentamos a continuación se restringe específicamente a la narración de las llamadas edades de los indios y la biografía de los Incas que se incluyen en la primera parte titulada "Nueva Corónica". En la primera edad de los indios, denominada Uari-Uaricocha runa, a nivel temático-ideológico, Guamán postula la tesis de que éstos no eran bárbaros ni idólatras; al contrario, vivían de acuerdo a los preceptos cristianos antes de la conquista española. Tenían el conocimiento de una sola divinidad creadora llamada Runacamac Viracocha y eran descendientes de Adan y Eva, quienes les enseñaron la agricultura. Asimismo, la existencia del vocablo quechua "yacupachacuti" para referirse al diluvio universal demuestra que descendían de Noe. Por otro lado, en cuanto a la composición del relato, se precisa, en primer lugar, la duración del período: por ejemplo, la primera edad dura 830 años, y luego se provee en forma alternada la información histórica y la descripción de actividades económicas y costumbres. De hecho, este material histórico y etnológico funciona como soporte a la tesis de la existencia de la civilización andina que se argumenta mediante la forma bakhtiniana del discurso denominada "hidden polemic" (Adorno,5). Con referencia el registro lingüístico-estilístico, se observa el uso incorrecto de las preposiciones y una organización sintáctica irregular, y ambos rasgos se deben a la interferencia morfosintáctica del quechua, ya que esta lengua aglutinante carece de preposiciones y posee el orden sintáctico SOV, o sea, el verbo en posición final. Otra interferencia del quechua es la presencia de la construcción sintáctica encabezada por la expresión "dicen que" que traduce al sufijo quechua de validación -si. Aunque este sufijo indica información de segunda mano en la lengua nativa, en el lenguaje de la Nueva Coronica parece connotar una perspectiva interna con respecto a los hechos narrados, ya que Guamán Poma está íntimamente familiarizado con la tradición oral de sus antepasados. Asimismo, esta dicotomia de perspetiva externa e interna, según el análisis Adorno, se manifiesta en el uso de los tiempos verbales pretérito e imperfecto, respectivamente. Sin embargo, opino que dicha hipótesis se basa en el aspecto durativo del imperfecto del español, y no en el sistema temporal y aspectual del quechua. Ahora bien, otro rasgo estilístico es el polisíndeton, es decir, una construcción sintáctica de coordinación con la conjunción "y". En la gramática española de Gili y Gaya se señala que esta construcción es frecuente en el lenguaje infantil y popular, y esto último corrobararía la propuesta errónea de que el lenguaje del Guamán Poma es rudimentario e ingenuo; no obstante, un análisis lingüístico más detallado nos conduce a postular de que dicha construcción es usada con el propósito retórico de poner en relieve o imprimir mayor enfásis en la palabra, frase u oración encabezada por la conjunción "y". Otro rasgo sintáctico es la alta frecuencia con que repiten ciertas construcciones al comienzo de los párrafos: por ejemplo, la modalidad adverbial "de como", sintagma que reflejaría el estilo repetitivo del sermón.

En el segmento textual que corresponde a la segunda edad de los indios, llamada Uari Runa, se presenta más evidencias que consolidan la argumentación política sobre la existencia de civilización andina previa a la conquista española: afirma que habitaban en viviendas de adobe y habían logrado desarrollar con cierto grado de eficiencia ciertas técnicas de cultivo y regadío. Más aún: en el aspecto espiritual, no sólo conciben existencia del cielo y el infierno sino de la Santísima Trinidad, y se guiaban por la ley de los mandamientos y realizaban obras de misericordia. Por otro lado, en cuanto a la construcción sintáctica, el polisíndeton se engarza en otras construcciones de coordinación adversativa encabezada por las conjunciones "sino" y "aunque", rasgo que evidencia cierto grado de complejidad sintagmática. Asimismo, se nota casos aislados de posposición del sujeto al final de la oración.

La tercera edad de los indios se denomina Purunruna y tuvo una duración de 1, 032 años. Durante esta etapa la civilización andina se enriqueció con el desarrolló la ganadería, la artesanía de metales preciosos, la textilería, la arquitectura y la construcción de caminos. En cuanto al aspecto sociopolítico se consolidó la familia, se fomentó las normas éticas de convivencia, y se formaron los pueblos que se gobernaron mediante la ordenanza, la ley y la justicia, y que supieron cultivar la música y la danza. Además, se asume que la variabilidad geográfica está correlacionada con la variabilidad en el lenguaje y las costumbres. Con respecto al registro estilístico, en el texto cobran notoriedad las figuras retóricas del discurso religioso del sermón tales como la reiteración, el hiperbatón, la ironía y la exhortación. Por ejemplo, se hace un contraste irónico entre la barbarie de los españoles codiciosos y avaros que se olvidan de los principios de la Santa Iglesia de Roma, y el grado de religiosidad alcanzado por la civilización andina. Es más: el objetivo del discurso religioso del sermón es la ejemplaridad; por consiguiente, se exhorta a los españoles para que imiten el ejemplo de la civilización andina.

La cuarta edad de los indios se denomina Aucaruna y tuvo una duración de 2, 100 años. En esta etapa la sociedad andina se organiza mediante un sistema de control altamente jerarquizado y una división del territorio en cuatro regiones o "suyos" en donde habitan señoríos autónomos con sus respectivas cortes; el poder político se basa en el sentido ético, la sabiduria y el coraje demostrados por los líderes en las guerras violentas sobre tierras y aguas de regadío, las que son superadas con tratados de paz; la administración de justicia, llevada a cabo por los predicadores de cien años, es rigurosa en los castigos impuestos a los vicios y actos delictivos tales como el adulterio, el incesto, el robo, la hechicería. Asimismo, se desarrolla un sistema de parentesco que se sustenta en la reciprocidad. Paralelo al avance técnico en la agricultura, se determinan los elementos nutritivos en la alimentación variada y se practica la purgación para mantener el vigor y la bravura. Pese a ser una cultura iletrada, el conocimiento astronómico les permite planificar sus actividades económicas e, incluso, los fenómenos atmosféricos y las constelacones es un sistema de signos que los guía en sus decisiones cotidianas. El camasca amauta es la persona encargada de preservar, desarrollar y transmitir todo este conocimiento. Este discurso etnográfico e historiográfico se complementa con el discurso religioso del sermón con el propósito de demostrar el desarrollo moral y ético de la civilización andina en contraste con la corrupción, la codicia, el vicio y la arbitrariedad de los estamentos civil, administrativo y eclesiastico de la colonia: por ejemplo, se argumenta que los indios de la cuarta edad son monoteistas, basan la autoridad en el buen adoctrinamiento y el sentido de justicia, y, aunque hacen la guerra para defender sus tierras, están guiados por el conocimiento de los mandamientos, la verdad, y el temor a Dios, y por eso juran su nombre y lo invocaban antes de entrar en batalla, y se entierran con sus pertenencias --comidas, vestimenta, joyas y esposa-- porque conciben de la existencia del infierno cuyo nombre en quechua es ucupacha supaypa wasin. Gracias a esta religiosidad, no sufren pestes, sequías o hambrunas; al contrario, gozan de la abundancia en la agricultura y la ganadería. Sin embargo, se admite que no todas las regiones o "suyo" alcanzan el mismo nivel de desarrollo: en Antisuyo, por ejemplo, los indios son infieles, belicosos, practican la antropogagia, y no logran dominar a la naturaleza. Por otro lado, se critica el politeismo de los Incas y el sistema tributario que imponen a sus súbditos. Finalmente, el narrador establece su geneología que se remonta a la primera edad de los indios, y uno de sus ancestros, Capac Apo don Martín Guamán Malqui Ayala Yorovilca, de la región de Allauca Guanuco, es un príncipe cristianísimo que vivió 150 años. En cuanto al registro estilístico, en este segmento textual se evidencia vacilación en el uso de tres tipos de concordancia gramatical: género y número, sustantivo y adjetivo, sujeto y verbo. Asimismo, en la colocación de los adjetivos y el uso de las preposiciones. Obviamente, estas deficiencias gramaticales se explican como casos de interferencia morfosintáctica del quechua. Por otro lado, el dominio de la complejidad sintagmática se manifiesta en el manejo aceptable de las claúsulas subordinadas adverbiales de subjuntivo y las claúsulas condicionales, aunque estas últimas traducen con cierta fidelidad los sufijos subordinadores del quechua. En cuanto al sistema pronominal, se nota una tendencia al leismo (uso del pronombre "le" en vez de "la, lo") y, asimismo, el uso del pronombre "lo" con verbos intransitivos y de movimiento, rasgo que reflejaría en el lenguaje de Gaumán Poma los varios sufijos direccionales del quechua. Además, conjuntamente con la frecuencia de coordinación copulativa y disyuntiva, se observa una tendencia hacia la yuxtaposición y la elipsis. En cuanto al lenguaje figurado, además de la hipérbole, se usa con mayor frecuencia el uso del símil.

Sea como fuere, en los textos de las edades de los indios Guamán Poma no se ciñe a la verdad de los eventos históricos, sino que se basa en ellos para elaborar una interpretación y una invención, y esta ficcionalización se sustenta más la verdad poética que en la verdad histórica, por lo tanto, exige una retórica de la elocuencia. Es evidente que el relato histórico discurre objetivamente y produce en el lector la ilusión referencial; sin embargo, en el carácter persuasivo del discurso del narrador --sus sermones apasionados de los prólogos finales--se evidencian no sólo las función expresiva y pragmática sino de manera predominante la función estética del lenguaje que se centra en la textualidad. En todo caso, Guamán Poma, según lo señala Adorno, sigue los lineamientos historiográficos de Juan Luis Vives y Paéz de Castro que concibe la historia como el tratamiento de los asuntos civiles de la sociedad en los campos político y militar, y cuya utilidad pública es el aprendizaje para gobernar. Por esta razón, en "Nueva Corónica" se ofrece una teleología y una visión ética de los eventos históricos que contribuya a la reforma de la colonia, y su propósito persuasivo el a través de la ejemplaridad condiciona en cierto modo una reelaboración ficticia de dichos eventos históricos. En todo caso, la función estética que se centra en la textualidad y la ficcionalización de los hechos históricos explican la literaridad de "Nueva Corónica". Es, pues, literatura por su orientación interna, autotélica, intransitiva, puesto que se enfoca en los signos mismos y la realidad evocada por dichos signos es ficcional.

Ahora bien, en cuanto a las biográfía de los Incas, la postura polémica de Guamán Poma tiene como transfondo temático-ideológico el propósito de conceder mayor autoridad y prestigio a su procedencia regional y étnica, y denigrar al Imperio Incaico mediante la desmistificación de sus gobernantes. En el aspecto religioso se critica el politeismo y la idolatría de los Incas con el mismo argumento y lenguaje usado por los extirpadores españoles: por ejemplo, las huacas, lugares sagrados, y los rituales del imperio son identificados con el demonio y la hechicería, los cuales son simbolizados por la serpiente. Asimismo, se pone en tela de juicio la nobleza y la potestad de los Incas puesto que no se origina en el derecho y justicia de Dios. Es más: la sabiduría de algunos Incas trascienden las fronteras del Imperio --se menciona, por ejemplo, que Tupac Yupanqui, sabía de Roma, Jerusalem, Castilla y Turquía--, y esa habilidad es maquinación del demonio. Por otra parte, las etnías oprimidas --como el rebelde Ancauallo de la región de Antisuyo-- insurgen contra el dominio Incaico, pero estas rebeliones son sofocadas a través del ejercício de la diplomacia. Sin embargo, los conatos de rebeldía son encabezados por los hijos bastardos de los Incas como el caso de Huascar, hijo legítimo, y Atahualpa, hijo bastardo, protagonistas la guerra civil que coadyuva a la conquista del Imperio por los españoles. Ahora bien, este cuestionamiento de la religión y la legitimidad de los Incas, se consolida con dos argumentaciones basadas en hechos ficticios: la llegada del apostol Bartolomé durante el periodo de Sinchi Roca para catequizar, realizar milagros y fundar el pueblo Santa Cruz de Carabuco. Otros frailes realizar milagros para superar las epidemias, la hambruna y las catástrofes de la naturaleza con que son castigados los Incas por su idolatría politeísta. Asimismo, se menciona la muerte sufrida por un prior de la orden de Santo Domingo. Otra argumentación anti-Inca y pro-Andina es la reiteración de que sus antepasados fueron nobles con legítima autoridad: menciona a Capac Apo Guamanchau, nieto de Yorovilca Allauca, que gobierna por cincuenta años durante el periodo del Inca Tupac Yupanqui. Este noble de la región de Guánuco es abuelo de Capac Apo don Martín Ayala, quien, a su ve, es padre del autor.

Por otro lado, el esquema composicional que se reitera en la biografía de los Incas es el siguiente: la indumentaria del inca, sus rasgos físicos y psíquicos (positivos y negativos), su ancestro, su relación matrimonial, sus obras públicas, sus conquistas territoriales, causa y circunstancias de su muerte, su prole, y la duración de su vida en relación con la duración del imperio. En cuanto a la indumentaria la descripción objetiva, escueta y concisa del ropaje y los objetos que simbolizan el poder se ajusta a las pictografías que acompañan al texto, y se evidencia un afán de caracterización mediante la alusión de detalles peculiares. En la descripción de los rasgos físicos y psíquicos se pone mayor relieve en los defectos que en las cualidades: por ejemplo, de Inca Yoque Yupanqui se dice que tenía "narices corcovadas (...), feo, y mal inclinado y miserable (...), y sus vasallos huían de verle la cara"; de Mayta Cápac "fue muy feo hombre de cara y pies y manos, y cuerpo delgadito, friolento, muy apretado": Inca Roca "fue hombre largo y ancho, fuerte y gran hablón, hablaba con trueno, gran jugador y putañero, amigo de quitar la hacienda de los pobres"; Pachacutec fue "de rostro, alocado, tronado, unos ojos de león (...) gran comedor y bebía mucho"; Huascar fue de "rostro morenete y largo, zancudo y feo, de malas entrañas (..) [y] mal corazón". Sin embargo, sólo en dos casos se mencionan las cualidades: por ejemplo, de Yawar Huaca se dice que fue "de cuerpo anchete y recio y fuerte y sabio y apacible, algo grande de ojos, amigo de los pobres y de música y enemigo de los ricos"; de Huiracocha "gentilhombre blanco de cuerpo y rostro y tenía unas pocas barbas, y tenía buen corazón". Como puede apreciarse, en cuanto al estilo, el orden de la adjetivación es variada, la selección de los vocablos es eficaz, y el efecto es creado en virtud del manejo de la metáfora y el hipérbole. Asimismo, en el texto de las biografías la complejidad a nivel sintagmática se manifiesta a través del uso más frecuente de claúsulas relativas y el uso del gerundio en función adverbial, aunque esta última construcción traduce uno de los sufijos quechuas de subordinación -stin, que indica que la acción subordinada es simultánea a la acción principal. A nivel de estructura narrativa, cabe advertir que el discurso histórico y el discurso religioso se complementa con segmentos textuales donde se evidencia el anecdotismo que linda con el rumor o la chismografía del contar popular cuyo origen no es sino la tradición oral que el autor recibió de los indios viejos.

Asimismo, cabe advertir un propósito de organizar el material mediante los tres momentos de la imitación poética: comienzo, transiciones y motivos terminales. En el texto de las edades de los indios, por ejemplo, se nota la evolución desde un estadio casi primitivo, un estadio intermedio y finalmente un estadio con formas avanzadas de civilización. En las biografías, asimismo, al principio de mencionan los mitos de orígenes --la fundación del Cuzco por Manco Capac y Mama Oclo y el mito de Pacaritambo--, luego la progresiva expansión del territorio del Tahuantinsuyo mediante las acciones bélicas de los Incas, los avances en la arquitectura y las vias de comunicación terrestre, las formas más sofisticadas en los rituales religiosos y en la organización burocrática del aparato administrativo del imperio, y, finalmente, la crisis y el fin, es decir, el caos social creado por la guerra civil y la destrucción del Imperio por los españoles. Esta organización de la trama --principio, medio y fin-- se manifiesta en la vida del autor como personaje de su historia épica: sus ancestros nobles, las acciones admirables de los descendientes, y finalmente el autor en proceso de escribir su texto dirigido al rey de España. A manera de conclusión, cito un pasaje en que el autor cuenta la vida de Mama Uaco, madre y esposa de Manco Capac:



[E]sta dicha mujer dicen que fue gran fingidora, idólatra, hechicera, la cual hablaba con demonios del infierno y hacía ceremonias y hechicerías, y así hacia hablar piedras y peñas, y palos y cerros, y lagunas, porque le respondían los demonios, y así dicha señora fue la primera inventora de las dichas guacas, ídolos y hechicerían, encantamientos, y con ello engañó a los dichos indios; primero fueron engañados [los] del Cuzco y traía engañados y sujetos como los indios lo viesen como cosa de milagro que una mujer hablase con piedras y peñas y le llamaron Coya y reina del Cuzco. Dicen que se echaba con los hombres que ella quería de todo el pueblo; con este enganno andaba muchos años según cuentan los dichos muy viejos indios. 58





Obras citadas



Adorno, Rolena. Guamán Poma. Writing and Resistance in Colonial Perú. Texas: University of Texas Press, 1986.

Escobar, Alberto. Arguedas o la Utopía de la Lengua. Lima: IEP, 1984.

Guamán Poma de Ayala, Felipe. Nueva Coronica y Buen Gobierno. Transcripción, Prólogo, Notas y Cronología. Franklin Pease. Caracas: Biblioteca de Ayacuho, 1980





miércoles, 17 de febrero de 2010










CHECKPOINT CHARLIE
To Sofía and Jenny.

 
The jovial lady behind the counter at the Hamburg train station said that it would be not a problem at all to travel to West Berlin. “Yes, sir, everything will be just fine. All you need is a passport with your picture and, by the way; do not forget to exchange your dollars for marks.” Suddenly Batutín felt a shiver of distress; he became terrified to look up the vaulted ceiling of the station. It was extremely high like the Andean sky at night, but devoid of the myriads of stars. Determined not to show any sign of apprehension, he grabbed hastily his documents from the desk and headed for the train.

He sat down on a brown, leathery couch alone. He had the entire compartment just for himself. The last scene before he plunged into a deep sleep was the luminous evening on the platform where some uniformed men and carefree passengers strolled on the platform just outside his window.

Batutín dreamt about flying above an infinite landscape with a frightening speed, surrounded by shadows. Yet he was rudely awakened when the compartment doors were opened abruptly and a flood of blinding radiance assaulted the cabin. It was an unbelievably tall inspector wearing a Nazi-like uniform. He requested loudly that Batutín show him his documents. Terrorized –a flash of Anne Frank’s room in Amsterdam crossed his mind—he nervously picked up all documents and his wallet from the floor.

“You are going to be deported next town,” said the colossal German with a guttural accent.

Batutín argued that it was not his fault; the lady at the desk told him that it would be okay to go to West Berlin.

“Well, young fellow, you are right now in territory of East Berlin,” said the massive Teutonic, scrutinizing all the passenger’s papers. “And this is even worse: there is not a stamp in your passport.”

He turned around in a hurry and disappeared in the narrow passageway where the few, teeny bulbs faintly lit his departure. Will the dizzying sway of the caboose blow them all up? Batutín wondered, sitting there flat on his ass with his chin in his palms. Will I be arriving unexpectedly from East Germany straight to Peru with only one change of clothing in my backpack? Will I be leaving all my belongings in my room with Pithecanthropus Erectus, a hairy man from the caverns, my lovely roommate, in Buffalo? Batutín did not remember now how long he was there, fighting back his childish tears. The poor thing then did not know either, but what he in truth knew next was this: a Fairy Lady suddenly stood in the doorway with a golden wand in one hand and a gorgeous mulato kid in the other.

“You know,” she said, without any introduction,” that communist fellow is a crook like any Red asshole in East Berlin. He is not only overcharging you, I heard everything, believe me, and he wants to scare the hell out of you with the deportation scam so that he can steal all your money. Come with me, don’t be afraid. Let’s go after him. I know how to talk to these commies.”

Batutín walked behind her, putting his arms on both walls to keep his balance. The noisy clattering of the caboose was excruciating, nevertheless his strange savior kept talking about her life. She was from West Berlin, but worked in California, living there with an ex- Black Panther. Now, she was back to take care of her ill mother for a while. She said a bunch of other things that Batutín could not hear well. At the moment, he was more concerned about the length of the train. It was as if one would never arrive to any destination. Finally, they came to the end of the corridor lit by powerful illumination coming from an open compartment. There was the ticket controller talking loudly to the machinist leaning on a counter and guzzling a hot drink.

Instantly, his Fairy Lady began her vehement onslaught, almost yelling, as if she would have been the one aggravated. The harshness of the German language carried over the sharp clattering of the rails. At the end, the ticket controller was so embarrassed, so humiliated, that even Batutín felt sorry for him as he handed him over one by one his passport, his euro pass, his travelling checks, and his German currency. However, since he did not have enough of the latter, his Fairy Lady had to lend him the rest to pay the ticket controller. After that incident, the rest of the ride was a blur, and later for the office of exchange at once.

Another train station, and this time he did not feel dizzy; on the contrary, he was happily overwhelmed by the immense saloon from where he was able to glimpse the traffic on the street above his head. After reimbursing his Fairy Lady, he embraced her and expressed a grateful, moving goodbye.

Yet Batutín was still indecisive about climbing the stairs and facing his destination. He lingered around until a bizarre spectacle caught his attention: an attractive barefoot woman wearing a long black winter coat, a white scarf and red beret, was singing in the middle of a circle of beggars. At the end of the song, she released a loud fart and they all laughed grotesquely. Batutín, disenchanted, mounted the stairs.

Shortly after crossing a busy street, he found himself along a street populated by beggars, drunkards and women wearing provocative outfits. Feeling a great disillusionment (he would have a déjà vu of Berlin as a small version of Manhattan), he entered to the first bar he stumbled upon and nervously ordered a beer. The people around him did not even to bother to ask him where he was from unlike in Munich during that unforgettably sunny day. There, in the south, all Germans, without exceptions, gave him the fine impression of being of a happy, nice and friendly nature. Suddenly, a mature, blond woman approached him at the counter and she started talking to him in a hostile way and, even though, Batutín pulled back and shook his head negatively, he could still pick up a jumble of cheap perfume stench, of female sex, of the stink of alcohol and tobacco.

It was then, he decided to vanish, so he glugged down the rest of his beer. Just as he was getting his change from the bartender, a man arrived out of the blue, ordered a beer without more ado, and whispered to him in a British accent “Just across Checkpoint Charlie, a beer costs half of a dollar.”

Batutín then realized that in all of East Germany, West Berlin was virtually an oasis in a red desert.

At Checkpoint Charlie, a soldier wearing a light grey uniform, behind the solid glass window, ruthlessly revised and stamped his passport. Another, in the back of the compartment, kept an eye on several small screens repeating almost simultaneously what the former had barked. Two more others sitting in front of a counter promptly scribbled the words down in bulky notebooks. As if he had been whisked away on a magic carpet, Batutín landed on the endless sidewalk of a broad avenue flanked by an infinite succession of huge buildings with innumerable doors and windows sealed for centuries. There were no cars, no pedestrian. Once in a while, the quietness would be disturbed by remote sirens announcing imminent gunfire from the allies’ airplanes. Finally, fatigued by the never-ending building blocks as well as by his feverish imagination, Batutín stopped at a corner and sat down on the curb of the sidewalk. He looked to the rails on the narrow street that crossed the avenue. Suddenly, he perceived the sonorous tremor ringing through the pavement. When the tramway brought itself to a halt before him, he hesitated for a moment, but he decided to mount it. The few scattered passengers looked at him for a split second before they turned their gaze to their respective window. He sat behind an old lady who again and again whispered something in her native tongue, pointing to ruins of a burned church slashed in half by a brutal bombardment. It was standing there as horrendous monument, a colossal sculpture of the Second War vestiges. As if it were the tramway approached the carcass of the church, the old lady became more enraged in her ranting and raving mutter. However, she calmed as the tram passed through houses whose front walls still displayed the cracks and splits and fissures caused by the artillery’s conflagration where even child soldiers had battled heroically for the unflagging Berlin. Catching his breath, Batutín could almost see vividly in his mind the most horrifying scenes of the warfare that make him shed tears in the shadow of the movie theatre, when he recognized the corner where he jumped into the tramway.

Once again he was walking carrying his heavy backpack on one shoulder and his Pentax camera hanging on the other. The longest gloomy avenue of the planet was coming to an end, and if it was a mere hallucination, he would care less.

A paradisiacal and glowing scene came into sight, not far out of reach Batutín was still catching his breath on luminous building block, when he was approached by two young fellows who asked him, in English, if he would like to sell his old blue jeans. He gave no reply and the pair resumed their wandering among the crowd marching lethargically to what seemed a vast plaza with a towering building at the center. In front of it there was fountain with several high water valves. To his amazement, on the side opposite to the road materialized an immense recreational area with small elevations of grassland, where a young woman holding a camera was waving at him gracefully. With great joy, Batutín ran to meet her.

She signaled smilingly that she did not how to speak English, and taking a notebook from her light brown jacket, wrote that she only knew how to read and write the language. Then, she gestured eagerly that she would like Batutín to take her picture. Average height, slender, she crossed her feet, a tiny waist contrasting with voluptuous hips, and she swept her flowing golden locks from her forehead. Batutín shot the picture.

“Would you like to drink or eat something? There is a nice place, a Russian club, where we could also dance,” she wrote.

While they strod together, Batutín complimented the color combination of her outfit: yellow blouse, dark brown corduroy pant and beige leather jacket.

“Your American blue jeans and your jacket made of the same fabric are just fabulous.”

“Fabulous? Your English is exceptional.”

People passing by were astonished: they stopped for a moment at the sight of a Teutonic female and a brown Latin writing back and forth in a notebook.

Are they assuming perhaps that we were borne dumbfounded? mused Batutin.

However, upon reading their destination, the peculiar couple looked at each other with a sad expression of disappointment: the Russian club was full, and the hordes, at the entrance hall, struggling to cross the threshold, were being kicked out by the bouncer. The pair ended up in a two story building, with a band playing marches. In the center children were running around while the circle of people in the first floor and the balcony on the second floor gazed at them in tedious boredom. Jutta, for he now knew his companion’s name, appeared to be impatient and irritated; she murmured something in her language without bothering to write it down in her notebook.

They returned to the area around the fountain, and this time it was Jutta who was walking aggressively out in the front and Batutín was following sluggishly behind. For an instant, the idea of hiding flashed in Batutin’s mind. Right then, Jutta turned around and said something in German, and pointed a restaurant across the square.

Waiters dressed in black pants and white shirts brought to the table the mugs of beer along with a mini receipt. They started drinking at noon, and by twilight the strollers seemed to glitter. The only vivid scenes Batutín could recall perhaps for the rest of his life were Jutta writing profusely on the napkins. She wrote on that the waiter was overcharging several times.

“Here they always take advantage of the tourist who does not know the language.”

Also, when she wrote that she had an office job in town, while he pointed out in a postcard the fifth floor of a large building.

“Everyday I have to commute to a small town not far away from here.”

Finally the agonizing twilight, the crowd diminishing in number, their vague silhouettes seeming to drift in slow motion. The darkness settled down over the city, a sign that everything in life was coming to an end. The shining, sorrowful blue eyes of Jutta, almost in tears, told him that it was time for goodbye. Batutín could hardly stand and had to put his hands on the table to regain control of his body. How many hours of drinking mugs of East Berlin beer have been consumed?

He could never remember at which moment she signed, or gestured, or scribbled, to go with her to her small town where he would meet her family. It would not take to long too get there. Right around a corner they found the stairs for the subway. They were walking side by side to the platform when Batutín decided to kneel and put his Pentax camera inside his backpack, but Jutta kept walking to the train which was approaching at high-speed. Batutín ran as fast as he could, but the doors closed in his face. Somebody had to pull him back just as the train was about to depart. Jutta’s gorgeous face, stroked with horror, would emerge in his innumerable nightmares for the rest of his life, her tearful, melancholic blue eyes, and her panic-stricken scream that he could hear through the thick metal door.

After this painful incident, Batutín had nothing but gut feeling guiding him down the city toward Checkpoint Charlie despite the dim lighting of the avenue a little bit narrower than one he sow upon his arrival. Suddenly, he heard the noise of a bus stop next to him just as he was about to cross to the other corner. In good English, the conductor invited him to board the bus, since it was going to stop near to the place where Batutín was going.

“Exactly three blocks, my dear fellow. Watch your steps. You can fall very badly. At this time the city is very dark.”

Sitting at one side of the concerned driver, Batutín started to reminisce of the time that had just vanished with Jutta. Yes, there were moments when we together grasped hands very tenderly while consuming tons of East Berlin beer… as if the world would end tomorrow. Yes, maybe she was the woman I have been searching for in remote places of the planet. But Adieu! Most beautiful, most sweet… oh these foolish tears hurt my spirit. And, poor devil, --he reprimanded himself-- you should be ashamed of deceiving yourself with all these never-ending delusions. It is just another misfortune in your fucking life. That is all.

The bus came to halt and Batutín was expelled from the paradise of dreams and was back again tottering through the obscure sidewalk of his departure running parallel to the huge and grayish avenue of his arrival. It was less dark because not far away the powerful brightness of the line of controlling lanterns above the Berlin wall shone down. He could not longer hold his need to piss, so he rushed to a row of bushes, and when he was in half way through he was struck by lighting without thunder. Horrified, he realized that he was invading the front garden of a house. When he turned around a pair of Gestapo-like uniforms, holding a growling black Doberman emerged and bid him to keep walking, waving their lantern. He arrived to a large avenue and he proceeded to turn right with a patrol car at his back: they were monitoring him with the oscillating light on the top of the vehicle. Batutín overcame his fear and defiantly crossed the street toward a dancing club, where he stopped there to peek through the windows: a bunch of Latin and African males were dancing to tropical music of the seventies with blond women. Again the patrol car traversed the avenue and ordered him severely to keep walking. Batutín, yes, he was walking fast swearing loudly in Spanish, not out of fear of the Gestapo agents, but because right at moment he remembered that he had permission to stay only until 12. 00.

--Three more minutes, and you would have been deported –said Checkpoint Charlie’s soldier before stamping his passport.



Blas Puente Baldoceda